«Somos lo que fuimos»…

Curvas, retrocesos, avances, introspección, la vida me ha presentado la posibilidad de conocer dos mundos semejantes, y al mismo tiempo, profundamente distintos.
 
Uno de ellos es el periodismo, una profesión que ha perdido su prestigio, precisión, compromiso.
 
Estos problemas no se deben al Periodista, quién cotidianamente trabaja en pos de mejorar. Simplemente en la nueva sintaxis social, es muy difícil, para cualquier comunicador, reubicarse. Antiguamente, los periodistas, con un semanario, con un diario, por medio de la radio, llevamos información a cada hogar, hoy la información se puede alcanzar sólo encendiendo el teléfono.
 
En está vorágine, algunos intentamos recuperar la calidad periodística, como elemento de transformación. Rápidamente, fuimos devorados por la flojedad de la primicia. Nos fueron corriendo el cuerpo, quedamos expuestos, sólo tuvimos tres caminos posibles, mantener lo poco logrado y sostenerlo, reflexionar para intentar reinterpretar estos nuevos escenarios, o simplemente, caer en la lógica de publicar lo que la política vende, mejor postor, denuncias vacías, golpes de efecto, primicias forzadas, urgencia, operaciones, inmediatez, superficialidad. En este nuevo posicionamiento, muchos empresarios -ajenos al mundo de las noticias-, comenzaron a invertir en medios de comunicación. En respuesta a las diversas disyuntivas que se les presentaron, muchos colegas empezaron perder sus trabajos. Ahora, debido a la necesidad, o simplemente al hecho, de estar buscando nuevos caminos, muchos periodistas estamos flotando en proyectos posibles, con la ilusión de qué progresen.
 
La verdad es que alguno de todos estos proyectos va a llegar a buen puerto, sin embargo en el fondo,  todos sabemos que la mayoría quedaremos en el camino.
 
Siendo consciente de está realidad, conociendo al dedillo la cocina del periodismo, el año que viene voy a cumplir 20 años de profesión, no puedo dejar de pensar al periodista en forma social y es en este punto, dónde la vocación, la identidad, el arte, toman mayor relevancia en mi corazón.
 
En este instante de mi vida, en parte gracias a mi abuelo materno y a una querida amiga, Nené D´Inzeo, la literatura, mi otra gran vocación, empezó a necesitar, que le diera un lugar diferente en mi vida. Sumando estos dos sentimientos, la idea de CASA MARTÍNEZ, empezó a tomar forma.
 
Desde que tengo uso de razón, mi relación con la literatura fue incesante. Trabajando mucho en mi forma de escribir, tratando de formarme, puedo decir lleno de orgullo, que el año que viene voy a cumplir dieciséis años de mi primera publicación. La misma nació, gracias a que una editorial con más de treinta años de historia, me dio esa posibilidad.
 
Aunar mis mundos, empezó a ser una necesidad casi urgente, emergente, sólo me faltaba una parte esencial en este racimo de raíces, MI IDENTIDAD.
 
Mi nombre es Marcelo Martínez, tengo la bendición de contar con una gran mujer a mi lado, tengo dos hermosos hijos que son todo para mí, dos profesiones y una identidad que estoy construyendo sobre dos importantes bases: La primera, mi conducta a lo largo de todos estos años. La segunda, ese aire de familia que se constituye, a través de la historia de aquellos, que me dieron la posibilidad de poder desarrollarme, de poder vivir.
 
Cuando mi abuelo paterno era pequeño, jugaba entre los mostradores, y los pisos de pinotea, en uno de los almacenes de ramos generales más acreditados de Salto, en principios del siglo pasado.
 
El fundador de ese comercio fue Don Carlos Martínez, mi bisabuelo, el negocio se ubicaba en Moreno y Rivadavia, se llamaba CASA MARTÍNEZ.
 
Casi cien años después, entendiendo que “Somos lo que fuimos”, tomé la decisión de utilizar ese nombre (pidiéndoles de algún modo disculpas a mi familia por el atrevimiento).
 
Mi propuesta, en definitiva, es construir un nuevo espacio, dónde diversos mundos, como la literatura, la educación, la palabra de los otros, mi obra literaria, mi impronta periodística,  convivan. Dónde la identidad argentina se muestre, considerando sobretodo que tanto en las pulperías, como en los almacenes de ramos generales, descansa, una parte esencial de la idiosincrasia nacional.
 
Utilizando este nombre, puedo revalorizar todo el esfuerzo que nuestros antecesores llevaron adelante, para poder construir nuestro país; y a su vez, puedo mostrar, está nueva percepción multifácetica, de comprender la realidad.
 
Veremos si se puede lograr el objetivo, convencido de que “Somos lo que fuimos”…
 
Bienvenidos a CASA MARTÍNEZ, un sitio dedicado a la educación y al arte.

Revista Tramas

En el año 1999 creamos junto a un grupo de colegas una revista quincenal llamada Tramas. Está publicación fue mi primera experiencia periodística.

La Esquina Literaria

En el año 2002 se publicó en la ciudad de Buenos Aires una colección literaria llamada La Esquina Literaria. En esa colección participe con dos textos.

Familia Plazaola

En la foto se puede distinguir a Pedro Plazaola y su mujer, mis bisabuelos por parte de mi familia paterna.

Familia Martínez

En la foto se puede ver a Carlos Martínez y su mujer, también mis bisabuelos por parte de mi familia paterna.

Familia Mazza

En la foto se puede ver a Silvio Mazza junto a su mujer, mis bisabuelos por parte de mi familia materna.

Familia Ferreiro

En la foto se puede distinguir a Dositeo Ferreiro y su mujer, mis bisabuelos por parte de mi familia materna.