Sin un plan agropecuario, la regulación en el uso de agroquimicos es negligente y peligroso

Elmate

Hace un par de semanas se publicó a través  del boletín oficial que “resulta lógico y necesario suspender la vigencia de la Resolución N° 246/18 a los efectos de unificar mecanismos de coordinación operativa y asistencia entre esta Jurisdicción y los municipios firmantes y los que en un futuro firmasen en pos de optimizar los canales de colaboración al efecto”.

A raíz de la postergación de esta resolución 246/18, también se procedió a la modificación del art. 5 de la misma, dando con ello una protección a los establecimientos escolares, algo que había sido sorteado olímpicamente en la primera iniciativa.

En esta Resolución 24/19, se expresa que quienes fumiguen deberán “abstenerse en forma total de realizar aplicaciones y pulverizaciones de fitosanitarios, en los lotes que linden con establecimientos educativos, campos de bombeo o baterías de pozos para el abastecimiento público, cuerpos y cursos de agua emplazados en el área rural. Si las mismas se tuvieran que realizar por alguna razón estrictamente justificada, fuera y lejos de los horarios de clases, y de otras actividades y post finalización de las mismas, y siempre y en todos los casos sin presencia alguna de personas o animales, sólo si o si podrán hacerse, las que cuenten con la intervención de un profesional Ingeniero Agrónomo matriculado, autorizando y documentando las mismas previamente, siendo responsable ante las autoridades locales de dicha práctica y sus consecuencias”.

Antes este cambio de postura, rápidamente diversas voces comenzaron a expresarse en relación a dicha temática. Lo grave en este sentido, es plantear el problema del uso de agroquimicos desde su prohibición,  sin utilizar claridad en los conceptos y en los objetivos. Necesariamente caeremos en la ambivalencia.  Según las normas establecidas hasta la fecha,  no se puede fumigar en lotes que linden con establecimientos educativos, campos de bombeo o baterías de pozos para el abastecimiento público, cuerpos y cursos de agua emplazados en el área rural. Sin embargo, sí se puede fumigar en ese tipo de zonas “por alguna razón estrictamente justificada, fuera y lejos de los horarios de clases, y de otras actividades y post finalización de las mismas, y siempre y en todos los casos sin presencia alguna de personas o animales, sólo si o si podrán hacerse, las que cuenten con la intervención de un profesional Ingeniero Agrónomo matriculado”. Ahora bien:

¿Esto significa que las napas que se utilizan para los pozos de abastecimiento público no quedan contaminadas luego de una fumigación?

En este planteo, por una razón que responde exclusivamente al criterio que se utilicé en esa “situación justificada”, se puede realizar la fumigación cuando no haya animales ni personas, y principalmente en épocas que los chicos no vayan a las escuelas.

Este hecho casi arbitrario,  nos lleva a preguntar si los tóxicos que son absorbidos por las napas de la zona, se limpian por una “cuestión natural” en el transcurso de dos meses como mucho.

La realidad nos indica que no, y nos obliga a pensar que estas regulaciones responden a las presiones empresariales que los gobiernos de turno tienen. Los productores argentinos tiene la capacidad y versatilidad de adaptarse a miles de situaciones que los superan. Buscan una solución y se adaptan. Por ende,  el mal uso de agroquimicos,  no responde a una exigencia del productor, responde a otras cuestiones. Aquí evidentemente hay intereses mucho más importantes en juego.

Plantear la regulación en el uso de agroquimicos desde su prohibición, respondiendo a excepciones por cuestiones netamente arbitrarias, es en esencia contradictorio y muy peligroso.

En el último debate que se realizó en las cámaras por este tema, el Defensor del Pueblo de la provincia, Guido Lorenzino, manifestó sus dudas acerca de la resolución en una carta que le hizo llegar al ministro Sarquís con fecha 11 de diciembre. Lorenzino destaca la falta de precisión a la que se refiere la “zona de amortiguamiento” y de todos modos, consideró que deberán generarse acciones para alcanzar una ley provincial.

Hace unos días, se realizó una jornada organizada por la vicepresidente de la Cámara de Diputados provincial, Marisol Merquel, la cual contó con la exposición de diversos especialistas en Agroecología, materia que se considera como la “agronomía del futuro”.

La apertura contó con la presencia del presidente del cuerpo parlamentario, Manuel Mosca.

Merquel viene trabajando junto con la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (Renama), la Universidad Nacional de La Plata, la Sociedad Argentina de Agroecología y la Defensoría del Pueblo.

Durante la apertura, el titular de la Cámara baja, Manuel Mosca, aseguró que “es muy importante hablar del desarrollo sustentable y, en ese contexto, abordar algo más específico que tiene que ver con las actividades relacionadas con el desarrollo industrial y la agronomía bajo un nuevo paradigma agroecológico”.

Por su parte, Merquel puso de relieve que “la agroecología es un modo de producción ambientalmente sustentable, económicamente rentable y socialmente justo. En el interior sabemos la importancia que tiene la producción y el desarrollo sustentable del campo”.

Precisamente, el defensor del Pueblo bonaerense, subrayó e esa oportunidad que “es necesario comenzar a construir pisos mínimos de consenso para poder sancionar a la brevedad o en el corto plazo una ley que podamos poner en práctica y que sirva a todos los bonaerenses”.

Uno de los expositores, Eduardo Cerdá, presidente de Renama, indicó que “es necesario revisar el modelo y trabajar por una producción con menor nivel de agroquímicos y básicamente desandar el conflicto entre ciudadanos, salud, enfermedad, agroquímicos y costos”. Por lo tanto, “hoy venimos a contar que se puede producir muy bien con rendimiento similares y costos más bajos”.

En tanto, Santiago Sarandón, presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología y profesor en la UNLP, remarcó que “los problemas de hoy son debido a un modelo conceptual de agricultura equivocado. Para solucionarlos, hay que realizar un cambio profundo y por eso esta iniciativa para pensar a la agroecología como una nueva agricultura”.

En este marco, se puede vislumbrar que existen dos posturas claras y opuestas sobre el tema: por un lado, la de una creciente intensificación de este modelo de monocultivo,   en el que cada vez cobra más fuerza la postura desde el gobierno nacional y la de los gobiernos provinciales respecto de la NO peligrosidad de los agrotóxicos y la necesidad de intensificar su uso desde la idea de las “Buenas Prácticas Agrícolas”. Y por otro, la cada vez mayor evidencia sobre la cantidad de agrotóxicos a los que estamos expuestos cotidianamente a través de la comida y la presencia en el aire, el agua y la tierra como así también generando la extinción de numerosas especies de la flora y la fauna.

Frente a este dilema, sólo queda un camino claro de trabajo. Sentarse y replantear en primera instancia, nuestro modelo agrícola, para transformarlo en un primer proceso,  en un modelo agropecuario, que incluya la rotación de cultivo y de animales, evitando de ese modo ser tan dependientes de los agroquimicos. El segundo proceso, replantear seriamente que tipo de agricultura queremos generar como país, esto significa comenzar a utilizar elementos orgánicos a la hora de producir, incluir tecnologías  con rizomas en los cultivos, utilizar el estiércol de otras producciones para enriquecer nuestras tierras, entre otras medidas absolutamente necesarias. En definitiva, plantear un modelo agropecuario a largo plazo,  que no impliqué sólo depender de un cultivo,  contaminar las napas, secar las tierras, eliminar a los bosques, y producir en ese periplo de malas decisiones,  únicamente materia prima exportable, renunciando en esa misma  decisión,  a crear nuestras propias manufacturas.

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